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Lectores

martes, 21 de febrero de 2017

Día 9: Escribí acerca de la primera vez que viste a una persona de la que te enamoraste.


Yo todavía no llegue a estar enamorada de nadie o eso es lo que yo considero, solo llegue al punto de querer mucho a una persona, pero no sentir esas cosquillas que dicen que suceden involuntariamente cuando estas enamorado. Pero aparte de eso, nunca me pasó eso del “amor a primera vista”. 

Pero igual voy escribir como sería una situación así, como en una novela o intentando que se asemeje a una.


Como todos los días de mi vida, me tuve que levantar temprano para ir a trabajar, y con temprano me refiero a las 5:30 a.m. no es que tardara mucho en cambiarme, es que tengo más de una hora de viaje hasta mi trabajo. A veces no puedo evitar llegar tarde, el transporte es cada vez más defectuoso y las calles están repletas de gente que pasea a esta hora de la mañana, sin la consideración de que hay personas que necesitan llegar a tiempo al trabajar. Ese día no llegué tarde, llegué tardísimo, la desventaja de vivir apartada de la tecnología es que nunca te enteras cuando hay paro de trasportes o no,  me fui caminando parada por parada, hasta que me canse y decidí tomarme un taxi, aunque mi economía no lo permitiera si no llegara temprano quedaría en la calle. Habré llegado una hora más tarde, lo cual el local ya estaba abierto –siempre llegábamos un rato más temprano para acomodar algunas cosas antes de abrir-.

Luego de explicado el motivo mi tardanza y haberme puesto un poco más cómoda para poder atender a los clientes sin que pensaran que fuera una indigente, me puse a atender a los clientes que iban entrando al local, hace falta aclarar que es un local de ropa tanto femenino como masculino.
Y
a pasado el día con no mucho trabajo estábamos a 10 minutos de cerrar el local. Me quedé sola para cerrar el local, a mí me tocaba quedarme un poco más tarde por no llegar a tiempo en la mañana. Como no veía que nadie se pasaba por el local, empecé a cerrar algunas cosas, pero a todo esto un chico entra al local. Digamos que no sé qué tardé más en procesar, sí que alguien haya entrado al local después de tanto tiempo que pareció un desierto o lo lindo que era.


Lo atendí con una sonrisa de lo más tímida que me pudo salir naturalmente, no estoy muy acostumbrada a entablar una conversación que no sea sobre el local en estos horarios. Intenté hablar fluidamente, pero mi nerviosismo se notaba a kilómetros de distancia. Luego de un tiempo, en el que pude relajarme un poco más, cerré el local, nos fuimos a tomar algo y más tarde me llevó a mi casa. Digamos que del local se llevó nada más y nada menos que mi corazón

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